La educación en España padece una enfermedad muy grave que se pretende curar a base de tiritas.
El sistema educativo arrastra una serie de problemas estructurales que se han ido generando durante décadas y que no se pueden resolver con medidas parciales. Nuestro tiempo se caracteriza por una sociedad sin estructuras sólidas, marcada por el consumo, la inmediatez y la fragmentación. El sistema educativo que se desarrolla en este contexto, necesariamente, reproduce esas mismas características. Bauman describe con precisión este escenario en su análisis sobre la educación en un mundo líquido.
España es un ejemplo claro de esta enfermedad líquida. La fragmentación del sistema educativo es evidente en la deslocalización de competencias, que da lugar a diferentes realidades normativas entre Comunidades Autónomas. Esta fragmentación no solo afecta a la organización del sistema, sino también a su capacidad de respuesta: dificulta la construcción de un frente común y debilita el impacto de las reivindicaciones.
Las protestas del sector educativo en Cataluña son un buen ejemplo. Se trata de movilizaciones mayoritarias, pero aun así carecen de la visibilidad y la fuerza necesarias para generar cambios estructurales. En este contexto, las protestas no siempre se construyen desde una base sólida, sino que también se consumen.
Aquí aparece otro de los rasgos que señala Bauman (2013): la superficialidad de la información. Muchos manifestantes acceden a una realidad mediada por el titular, lo que genera una adhesión parcial y poco informada. Los sindicatos promueven reivindicaciones centradas en la mejora de las condiciones laborales, una demanda legítima; pero junto a ellas incluyen paquetes de medidas que no reciben la misma atención ni debate.
El problema es que apoyar una reivindicación visible implica, en muchos casos, aceptar un conjunto de propuestas menos conocidas, que difícilmente abordan la raíz del problema. Estas medidas funcionan más como tiritas que como soluciones a la herida estructural del sistema educativo.
Es necesaria la mejora de las condiciones laborales del personal educativo en Cataluña, eso es indiscutible. Pero no se puede permitir que, bajo ese marco, se desplace el debate de fondo. La magnitud del problema exige una reflexión más amplia, como la que planteábamos en el post anterior.

No hay comentarios:
Publicar un comentario