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Blog elaborado por Olga Donaire
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martes, 25 de agosto de 2026

Pedagogías con apellido

Metáfora inspirada en Dalí

Hace poco, hablando sobre educación, alguien me preguntó qué opinaba de Montessori. Es una pregunta aparentemente sencilla, pero mi primera reacción fue pensar: menudo melón me acabas de abrir.

Porque ¿qué significa exactamente «Montessori»?

Si hablamos de Maria Montessori, hablamos de una figura fundamental de la historia de la educación. Médico y pedagoga, realizó aportaciones muy valiosas, especialmente en educación infantil. Podemos estudiar su obra, analizar su método, valorar sus aportaciones y discutir sus limitaciones. Eso es lo que hacemos habitualmente con los autores que forman parte de la historia de una disciplina.

Pero Montessori hoy es también muchas otras cosas. Hay escuelas Montessori, profesionales Montessori, juguetes Montessori, habitaciones Montessori y familias que dicen educar siguiendo la filosofía Montessori.

En algún punto del camino, el apellido de una pedagoga ha dejado de identificar únicamente sus aportaciones para convertirse también en una categoría educativa, una identidad y, finalmente, una marca.

Y Montessori no tiene la culpa.

La Pedagogía tiene demasiados apellidos

Pedagogía Montessori, pedagogía blanca, pedagogía positiva, pedagogía activa, pedagogía líquida… Pero ni siquiera hace falta utilizar la palabra pedagogía. Podemos construir universos educativos completos alrededor de las inteligencias múltiples, las emociones, la neuroeducación, la gamificación o el aprendizaje basado en proyectos.

No todas estas cosas son equivalentes. Unas proceden de autores, otras de teorías, metodologías, objetos de estudio o corrientes de pensamiento. Tampoco es un problema ponerles nombre. Necesitamos conceptos y categorías para organizar el conocimiento.

El problema aparece cuando una parte adquiere tal autonomía que parece convertirse en una explicación completa de la educación.

Las emociones son fundamentales para comprender el aprendizaje, pero no explican por sí solas el aprendizaje. La inteligencia es un objeto de estudio fundamental, pero una teoría concreta sobre ella no constituye toda la Pedagogía. El aprendizaje basado en proyectos puede ser una metodología excelente para determinados objetivos, pero sigue siendo una metodología.

La parte no debería ocupar el lugar del todo.

Esta preocupación conecta con un debate mucho más amplio sobre la propia identidad de la Pedagogía como disciplina. Deng (2025), por ejemplo, defiende la necesidad de recuperar una voz específicamente pedagógica frente a la dispersión de los estudios sobre educación. Su planteamiento resulta especialmente interesante porque no propone aislar la Pedagogía de otros conocimientos, sino reconocer una disciplina capaz de pensar los fines y la práctica educativa desde su propia especificidad.

Ahí encuentro una idea importante: integrar no significa homogeneizar.

La educación es un fenómeno demasiado complejo para ser comprendido desde una sola perspectiva. Necesitamos dialogar con la Psicología, la Sociología, la Filosofía, la Biología, la Neurociencia y muchas otras disciplinas. Del mismo modo, necesitamos conocer diferentes teorías, corrientes y metodologías pedagógicas.

Precisamente por eso resulta extraño que acabemos comportándonos como si tuviéramos que elegir una.

¿De verdad tenemos que elegir equipo?

Puedo considerar muy valiosas determinadas aportaciones de Montessori sin ser montessoriana. Puedo aprender de Freinet sin convertirme en freinetiana. Puedo trabajar mediante proyectos cuando los objetivos y el contexto lo justifican y utilizar una enseñanza mucho más estructurada cuando aquello que quiero enseñar lo requiere.

Eso no significa que todo valga.

Al contrario.

Elegir entre diferentes alternativas exige conocerlas, comprender sus fundamentos, valorar sus limitaciones y analizar si responden adecuadamente al problema educativo que tenemos delante. Adscribirse a una sola resulta bastante más sencillo.

Y aquí los propios profesionales tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad.

Porque las etiquetas no solamente sirven para clasificar conocimientos. También pueden acabar formando parte de nuestra identidad profesional.

El caso Montessori resulta especialmente interesante porque este fenómeno ha sido estudiado desde dentro de la propia tradición. Christensen (2019) analiza la existencia de una identidad docente específicamente Montessori y señala una paradoja importante: una identidad profesional sólida puede proporcionar orientación, coherencia y seguridad al docente, pero también puede dificultar la exploración de estrategias diferentes cuando aparecen problemas que requieren otras respuestas.

La cuestión cambia entonces de naturaleza.

Ya no hablamos simplemente de un profesor que conoce y utiliza determinadas aportaciones de Montessori. Hablamos de alguien que puede llegar a definirse profesionalmente como profesor Montessori.

Y cuando una metodología, una corriente o una teoría pasa a formar parte de nuestra identidad, cuestionarla resulta mucho más difícil. Ya no estamos revisando únicamente una herramienta profesional. En cierto modo, estamos revisándonos a nosotros mismos.

Quizá por eso algunas discusiones pedagógicas se parecen demasiado a discusiones entre equipos de fútbol.

Y entonces llega el mercado

El siguiente paso no siempre ocurre, pero cuando ocurre resulta extraordinariamente rentable.

Una etiqueta reconocible puede convertirse en un producto.

Montessori vuelve a ser un caso paradigmático. Su apellido aparece hoy asociado a todo tipo de materiales y juguetes, muchos de los cuales jamás formaron parte de su propuesta original. La etiqueta aporta prestigio pedagógico y permite diferenciar comercialmente un producto.

Pero responsabilizar exclusivamente al mercado sería demasiado cómodo.

La investigación sobre comercialización educativa muestra un ecosistema bastante más complejo que una simple invasión de empresas externas. La revisión realizada por Verelst, Simons y Berghmans (2025), que analiza 157 trabajos publicados entre 2000 y 2023, muestra una gran diversidad de relaciones entre actores comerciales y educativos y advierte precisamente contra las interpretaciones reduccionistas de esa interacción.

El mercado puede amplificar una moda, empaquetarla, promocionarla y venderla. Pero necesita que exista previamente algo reconocible que pueda convertirse en producto.

Y ahí volvemos a nosotros.

Los profesionales creamos categorías, nos adscribimos a ellas, las difundimos, nos formamos alrededor de ellas y contribuimos a otorgarles prestigio. Después el mercado puede hacer lo que hace extraordinariamente bien: venderlas.

Quizá el problema no esté en que existan muchas corrientes, teorías o metodologías. Al contrario: esa diversidad forma parte de la riqueza de la Pedagogía. El problema empieza cuando dejamos de utilizarlas para pensar y empezamos a utilizarlas para pertenecer.

No necesito ser montessoriana para aprender de Montessori, ni freinetiana para aprender de Freinet. Tampoco necesito convertir las emociones, la neurociencia o el aprendizaje basado en proyectos en una concepción completa de la educación para reconocer aquello que pueden aportar. Conocer, integrar, cuestionar y elegir forma parte del trabajo pedagógico. Elegir bando, no.

Y quizá ahí esté la paradoja.

En nuestro empeño por multiplicar las formas de entender la educación, hemos acabado fragmentando la disciplina que debería permitirnos comprenderlas a todas.

Hemos puesto tantos apellidos a la Pedagogía que a veces parece que hemos olvidado su nombre.

Referencias

Christensen, O. T. (2019). Montessori identity in dialogue: A selected review of literature on teacher identity. Journal of Montessori Research, 5(2), 45–56. https://doi.org/10.17161/jomr.v5i2.8183

Deng, Z. (2025). Educational studies, pedagogy and education as a discipline. British Journal of Educational Studies, 73(3), 305–325. https://doi.org/10.1080/00071005.2024.2418585

Verelst, S., Simons, M., & Berghmans, M. (2025). The play of education and market: A literature review on the roles commercial actors play for K-12 education. Policy Futures in Education, 23(1), 106–126. https://doi.org/10.1177/14782103241240238

miércoles, 25 de marzo de 2026

Tiritas para la crisis educativa



 La educación en España padece una enfermedad muy grave que se pretende curar a base de tiritas.

El sistema educativo arrastra una serie de problemas estructurales que se han ido generando durante décadas y que no se pueden resolver con medidas parciales. Nuestro tiempo se caracteriza por una sociedad sin estructuras sólidas, marcada por el consumo, la inmediatez y la fragmentación. El sistema educativo que se desarrolla en este contexto, necesariamente, reproduce esas mismas características. Bauman describe con precisión este escenario en su análisis sobre la educación en un mundo líquido.

España es un ejemplo claro de esta enfermedad líquida. La fragmentación del sistema educativo es evidente en la deslocalización de competencias, que da lugar a diferentes realidades normativas entre Comunidades Autónomas. Esta fragmentación no solo afecta a la organización del sistema, sino también a su capacidad de respuesta: dificulta la construcción de un frente común y debilita el impacto de las reivindicaciones.

Las protestas del sector educativo en Cataluña son un buen ejemplo. Se trata de movilizaciones mayoritarias, pero aun así carecen de la visibilidad y la fuerza necesarias para generar cambios estructurales. En este contexto, las protestas no siempre se construyen desde una base sólida, sino que también se consumen.

Aquí aparece otro de los rasgos que señala Bauman (2013): la superficialidad de la información. Muchos manifestantes acceden a una realidad mediada por el titular, lo que genera una adhesión parcial y poco informada. Los sindicatos promueven reivindicaciones centradas en la mejora de las condiciones laborales, una demanda legítima; pero junto a ellas incluyen paquetes de medidas que no reciben la misma atención ni debate.

El problema es que apoyar una reivindicación visible implica, en muchos casos, aceptar un conjunto de propuestas menos conocidas, que difícilmente abordan la raíz del problema. Estas medidas funcionan más como tiritas que como soluciones a la herida estructural del sistema educativo.

Es necesaria la mejora de las condiciones laborales del personal educativo en Cataluña, eso es indiscutible. Pero no se puede permitir que, bajo ese marco, se desplace el debate de fondo. La magnitud del problema exige una reflexión más amplia, como la que planteábamos en el post anterior.

Bauman, Z. (2013). La educación en un mundo líquido. Barcelona: Paidós.

martes, 17 de marzo de 2026

Más reformas, peores resultados: el problema real de la educación en España


 El problema de la educación en España es un problema estructural. Se han ido implementando multitud de reformas educativas que, lejos de mejorar la situación, han generado nuevos problemas. Paradójicamente, muchas de las soluciones han acabado agravando aquello que pretendían corregir.

El reformismo que se viene practicando se basa en pequeños parches, a menudo sustentados en modas y creencias más que en evidencias. Esto debe terminar. Es necesario abrir un debate serio, fundamentado en conocimiento y evidencia científica.

Es habitual escuchar que hay que dar más voz al profesorado. Y estoy de acuerdo. Pero no solo a ellos. El debate debe ser necesariamente multidisciplinar. Deben participar docentes, pedagogos, psicólogos educativos, sociólogos, filósofos, antropólogos e incluso historiadores. Cada disciplina puede aportar una mirada imprescindible.

Solo desde ese enfoque amplio podremos construir un nuevo paradigma educativo capaz de responder a las necesidades reales de nuestro tiempo.

A veces da la sensación de que la educación va sin rumbo. Los docentes se sienten perdidos entre lo que se espera de ellos, lo que ellos creen que deben hacer y la realidad en la que se ven involucrados. No por casualidad es una de las profesiones con más incidencia de casos de depresión y ansiedad.

La educación ha perdido sus pilares fundamentales. Es una característica de los tiempos que vivimos. Pero es necesario entender que la liquidez de nuestra sociedad es un síntoma que debe corregirse. Si analizamos bien la situación, podemos concluir que no estamos ante una falta de rumbo, sino ante un rumbo enmascarado.

Es como una ola que nos arrastra hacia el abismo. Seamos claros: la educación siempre ha estado íntimamente relacionada con el sistema económico dominante. En la era de la industrialización, la educación se orientaba a crear trabajadores competentes, capaces de ocupar los puestos de trabajo de manera productiva. Se producían obreros competentes en las escuelas públicas dirigidas a las grandes masas.

Es verdad que había un triple sistema en España: la educación privada reservada a las élites económicas, la educación concertada para las clases medias y la educación pública para las grandes masas. Este sistema garantiza la estabilidad de las clases sociales y es cuestionable desde aspectos ideológicos. Pero, aun así, con todos los defectos en los que ahora no vamos a entrar porque se haría muy extenso, esa educación dirigida a las masas hacía posible la emancipación de la clase obrera, ya que le daba un papel productivo, garantizaba una integración social y ofrecía la posibilidad de convertirse en un ascensor social.

Pero el objetivo de la educación en la actualidad ha perdido esa esencia productiva. El objetivo ya no es formar trabajadores competentes. El objetivo ahora es formar consumidores. Y las diferencias sociales se han polarizado de manera extrema. Ya no hay tanta diferencia entre la clase trabajadora y la clase media, pero el abismo que separa a estas de las élites es enorme.


Para iniciar el debate, debemos parar un momento y pensar en algo fundamental: ¿cuál es el objetivo? ¿Qué sociedad queremos construir? ¿Una sociedad productiva o una sociedad consumista?

Una vez tengamos claro el objetivo, podremos empezar a pensar en cómo hacerlo. Pero lo primero es saber para qué lo queremos hacer.


martes, 26 de agosto de 2025

Edad mínima para usar IA: por qué los adolescentes necesitan formación digital

La inteligencia artificial (IA) es una herramienta que está revolucionando la manera de estudiar y trabajar. Es un recurso útil para sistematizar tareas, buscar listados de artículos científicos y publicaciones de algún tema, traducir artículos en otros idiomas, resumirlos, y por tanto agilizar el proceso de investigación de cara a realizar un trabajo académico o profesional. Sus promesas son enormes, pero también lo son sus peligros si no se usa con responsabilidad. La desinformación, la manipulación, los sesgos y la pérdida de pensamiento crítico son riesgos reales que ya afectan a los jóvenes.

Para afrontar estos desafíos, es necesario pensar en una solución que combine educación y regulación. Es urgente establecer una edad mínima de 16 años para el acceso al uso de herramientas de IA, acompañada de una formación obligatoria que prepare a los adolescentes para un uso digital seguro y consciente.

Los riesgos de usar IA sin preparación

Usar la IA sin formación es arriesgado. El futuro no es solo tecnológico, sino también humano, y debemos asegurar que las generaciones futuras sean usuarios responsables y conscientes (American Psychological Association, 2024; Harvard Graduate School of Education, 2024). Los peligros más importantes son:

1. “Deepfakes” y desinformación
La IA tiene sesgos y puede dar información falsa. Además puede generar textos, imágenes y vídeos tan convincentes que es casi imposible distinguirlos de la realidad. Los usuarios pueden ser engañados y expuestos a narrativas falsas o perjudiciales.

2. Pérdida de pensamiento crítico
Depender de la IA para escribir, investigar o resolver problemas puede debilitar habilidades fundamentales. Si una máquina hace el trabajo por nosotros, nuestra capacidad para razonar, resolver problemas y ser creativos puede atrofiarse.

3. Mediocridad cultural
Delegar la creación de contenidos a la IA, en lugar de usarla para potenciar las capacidades humanas, degenera en una mediocridad cultural, la creación de productos culturales homogéneos de poco valor y baja calidad.

4. Riesgos para la salud mental

Se han dado casos de personas que han desarrollado problemas mentales al no ser capaces de distinguir la realidad de lo virtual, llegando a establecer emociones humanas hacia sistemas de IA. Además, al retroalimentar los pensamientos de los usuarios, algunos han agravado conductas autodestructivas y realizado acciones impulsivas poniendo en riesgo a su entorno y a ellos mismos. Muchos menores y adultos sin preparación acceden a IA avanzadas sin entender sus limitaciones. Esto puede provocar dependencia emocional, decisiones impulsivas basadas en información incompleta y riesgos de seguridad y privacidad (American Psychological Association, 2024; UNESCO, 2023).

Un “Graduado Digital” a los 16 años

Esto podría ser una solución que pueda reducir estos riesgos. No se trata de prohibir la IA, sino de capacitar a los usuarios. Esta propuesta se basa en dos pilares fundamentales:

Formación básica obligatoria
Introducir en el currículum de la ESO un módulo sobre el uso ético y seguro de la IA. Con el objetivo de formar a los jóvenes y capacitarlos para el uso de esta herramienta. Esta formación debería enseñar a los jóvenes los siguientes aspectos:

  • Cómo funcionan estas herramientas y cómo interactuar con ellas de manera adecuada. El 60% de los adolescentes considera que el primer resultado en los motores de búsqueda es siempre el más adecuado, lo que puede llevar a la desinformación. (UNESCO, 2023)

  • Cómo verificar la información que generan. Fomentar el acceso a las fuentes primarias y acostumbrar a los usuarios a pedirla a la herramienta, ya que es uno de sus puntos fuertes. La IA es excepcionalmente rápida a la hora de crear un listado de fuentes primarias sobre un tema específico generando un link de acceso para poder consultar dicha información.

  • Comprender implicaciones éticas como privacidad de datos, sesgos, valores morales, riesgos para la salud mental, etc.

Edad mínima de 16 años
A esta edad, los adolescentes suelen obtener el graduado en ESO y por tanto tener madurez y conocimientos básicos para entender los riesgos y responsabilidades del mundo digital. Establecer una edad mínima garantiza que el primer contacto con la IA avanzada esté mediado por educación y supervisión.

La UNESCO considera que “se debe establecer una edad mínima de 13 años para el uso de herramientas de IA en el aula y, en consecuencia, se insta a la formación del profesorado en este tema.” (UNESCO, 2025). Siguiendo esa recomendación, introducir una asignatura o módulo formativo dentro del segundo ciclo de ESO parece el momento ideal para capacitar al alumnado y asegurar su acreditación mediante el graduado en ESO.

Responsabilidad de los proveedores de IA

Los proveedores de IA podrían implementar sistemas de verificación: confirmación de edad mediante identificación oficial y verificación de la habilitación educativa (The Classic Journal, University of Georgia, 2025). El acceso limitado para menores o no certificados sería similar a las restricciones de contenido para adultos en plataformas online.

Implementar esta medida protegería a los jóvenes, fomentaría una educación ética y digital, y prepararía a la sociedad para convivir con la IA de manera saludable. La inteligencia artificial sería vista como herramienta, no como un sustituto de las relaciones humanas (Harvard Graduate School of Education, 2024; American Psychological Association, 2024).

¿Estamos dispuestos a ceder nuestro pensamiento a las máquinas?


Bibliografía

  1. American Psychological Association. (2024). Health advisory: Artificial intelligence and adolescent well-being. Recuperado de https://www.apa.org/topics/artificial-intelligence-machine-learning/health-advisory-ai-adolescent-well-being

  2. Harvard Graduate School of Education. (2024). Students are using AI already. Here's what they think adults should know. Recuperado de https://www.gse.harvard.edu/ideas/usable-knowledge/24/09/students-are-using-ai-already-heres-what-they-think-adults-should-know

  3. The Classic Journal, University of Georgia. (2025). Supervising AI in education. Recuperado de https://theclassicjournal.uga.edu/index.php/2025/05/24/supervising-ai-in-education/

  4. UNESCO. (2023). Measuring cyberbullying and other online risks for children. Recuperado de https://www.unesco.org/en/articles/measuring-cyberbullying-and-other-online-risks-children

  5. UNESCO. (2025). Use of AI in education: Deciding on the future we want. Recuperado de https://www.unesco.org/en/articles/use-ai-education-deciding-future-we-want

sábado, 16 de agosto de 2025

La educación no necesita modas

 ¿Te has sentido alguna vez confundido por las modas en la educación? ¿Has escuchado aquello de “si quieres, puedes”, pero la realidad te muestra lo contrario?

Yo también me sentí así. Por eso empecé a investigar, leer y tratar de entender qué hay detrás de esas “recetas mágicas” que nos venden. Este blog nació de la necesidad de hablar claro y de desenmascarar las ideas sin respaldo científico. He recorrido un camino largo, y como cualquiera, en algún momento también me dejé arrastrar por las prisas o el cansancio, relegando este proyecto a un segundo plano.

Hoy vuelvo porque mi búsqueda de respuestas está más viva que nunca. He visto cómo las pseudociencias ganan espacio en la educación y cómo incluso ideas bienintencionadas acaban convertidas en dogmas vacíos. La falta de rigor se disfraza de “innovación”, y eso no podemos permitirlo.

Este blog no es un escaparate de soluciones fáciles ni de tendencias pasajeras. Es una plataforma para la crítica constructiva, el análisis con fundamento y la defensa del sentido común. Aquí hablaremos de lo que funciona, de lo que la ciencia y la experiencia nos enseñan, y también desenmascararemos esas pseudociencias que han entrado en la escuela y en nuestros hogares.

La educación es uno de los pilares de la sociedad, demasiado importante como para dejarla en manos de las modas. Por eso retomo este proyecto con más fuerza que nunca… y con una sorpresa importante que pronto compartiré contigo.

Si te interesa este camino de reflexión y crítica educativa, te invito a seguir el blog, comentar y compartir tus impresiones.

Gracias por estar aquí y apoyar este contenido.